{"id":1560,"date":"2013-02-20T00:00:00","date_gmt":"2013-02-20T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/la-renuncia-de-los-adultos\/"},"modified":"2013-02-20T00:00:00","modified_gmt":"2013-02-20T00:00:00","slug":"la-renuncia-de-los-adultos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/la-renuncia-de-los-adultos\/","title":{"rendered":"La renuncia de los adultos"},"content":{"rendered":"<p class=\"sitio_noticia_volanta\" >\n<h3>La renuncia de los adultos<\/h3>\n<p class=\"sitio_noticia_copete\" >Cambio cultural<\/p>\n<hr class=\"sitio_noticia_contenido\" \/>\n<p ><em><span style=\"font-size: 10pt;\">Cuando los grandes, ya sean padres o maestros, atrapados en su fantas&iacute;a de seguir siendo j&oacute;venes, no asumen su rol como gu&iacute;as de los chicos, se hace imposible la educaci&oacute;n como forma de relaci&oacute;n entre generaciones<\/span><\/p>\n<p class=\"firma\">Por&nbsp;<a title=\"Ver todas las notas de Gustavo Iaies\" rel=\"author,up\" href=\"http:\/\/www.lanacion.com.ar\/autor\/gustavo-iaies-1435\"><strong>Gustavo Iaies<\/strong><\/a>&nbsp;y&nbsp;<a title=\"Ver todas las notas de Juan Ruibal\" rel=\"author,up\" href=\"http:\/\/www.lanacion.com.ar\/autor\/juan-ruibal-4221\"><strong>Juan Ruibal<\/strong><\/a>&nbsp;&nbsp;<span>|<\/span>&nbsp;<span>Para LA NACION<\/span><\/p>\n<p class=\"firma\"><span><br \/><\/span><\/p>\n<div class=\"ver\" style=\"text-align: justify;\">En las primeras d&eacute;cadas del siglo pasado, las familias asum&iacute;an la necesidad de construir el destino de sus hijos. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a una idea de compromiso colectivo de la comunidad respecto de la tarea de formar \u00abbuenos chicos\u00bb.<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestros barrios, cualquier vecino pod&iacute;a \u00abretarte\u00bb si andabas con los cordones desatados, si dec&iacute;as malas palabras, si te ve&iacute;an pele&aacute;ndote con otro. Incluso, alguno de ellos pod&iacute;a tocar el timbre de nuestras casas para comentarles a nuestros padres nuestras transgresiones. Y parec&iacute;a claro, aunque nos enoj&aacute;ramos, que lo hac&iacute;an para cuidarnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una sociedad en la que los mayores daban el tono al futuro posible y, en muchas familias, cuando el padre hablaba su voz era excluyente, y los dem&aacute;s permanec&iacute;an en silencio. Por lo general, tal como ven&iacute;a ocurriendo desde un pasado lejano, los padres m&eacute;dicos quer&iacute;an que sus hijos fueran m&eacute;dicos; los mec&aacute;nicos, dejarles su taller. Los padres pensaban en agregar una \u00abpiecita\u00bb para las nuevas familias, todos quer&iacute;an construirles la mejor adultez posible, de acuerdo con su propia visi&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos dec&iacute;an que deb&iacute;amos levantarnos temprano, estudiar, esforzarnos, cuidar nuestra presencia, respetar a los adultos, reprimir nuestras palabras en nombre del respeto, aceptar las reglas de convivencia, lo que estaba bien y lo que estaba mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este contexto social, la libertad de los chicos no era un concepto prioritario y s&iacute; lo eran la certidumbre, el bienestar, el cuidado, como componentes de una idea de felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la exaltaci&oacute;n cultural de la figura de los j&oacute;venes ti&ntilde;&oacute; los ideales y las formas de convivencia social. Los a&ntilde;os 60 fueron una d&eacute;cada en que movimientos integrados y liderados por j&oacute;venes confrontaron con lo establecido y, especialmente, expusieron las diferencias radicales que los separaban de la generaci&oacute;n de sus padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Europa se despleg&oacute; una cultura de \u00abruptura\u00bb con lo establecido que r&aacute;pidamente lleg&oacute; a nuestras orillas. \u00abPedir lo imposible\u00bb, \u00abla imaginaci&oacute;n al poder\u00bb, \u00absexo, drogas y rock and roll\u00bb, \u00abno queremos tu educaci&oacute;n\u00bb, fueron consignas que empezaron a circular por el mundo joven y no tan joven. Y en gran medida, ganaron la batalla cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los j&oacute;venes se volvieron figuras de referencia en la sociedad, ya no como personas en tr&aacute;nsito a la adultez, sino como puntos de referencia: empez&oacute; a difundirse la idea de juventud eterna, valores como la rebeld&iacute;a, la creatividad, la transgresi&oacute;n y la espontaneidad, que eran caracter&iacute;sticos de los j&oacute;venes, empezaron a ser demandados por los adultos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y esos adultos juveniles se volvieron padres y maestros, y les result&oacute; complejo ser al mismo tiempo la ley y la transgresi&oacute;n de &eacute;sta. No terminaron de asumir que la adultez requer&iacute;a dejar el lugar de j&oacute;venes a los j&oacute;venes. Pues aunque fuera necesario \u00abaggiornar\u00bb la condici&oacute;n adulta propia de generaciones anteriores, esto requer&iacute;a asumirse como adultos ante los j&oacute;venes (y no como j&oacute;venes).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en ese incierto sentido dado a las actitudes adultas qued&oacute; envuelta la idea de educar. Con adultos que preferimos que los chicos elijan su propio camino, que decidan qui&eacute;nes quieren ser, que no sean ahogados por controles y decisiones de sus padres, aparece el riesgo de que organizaciones como la familia o la escuela pierdan el sentido de transmitir algo. En definitiva, la idea del rol adulto concebido en la identificaci&oacute;n con los j&oacute;venes, en abierto conflicto con los adultos \u00abde antes\u00bb, hace muy dif&iacute;cil la b&uacute;squeda del sentido de educar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los padres de adolescentes sufren cuando ven a sus hijos beber en exceso, pero no encuentran el modo de dec&iacute;rselo y se sienten impotentes para prohibirles que lo hagan. Los ven ingresar en relaciones, experiencias, consumos que juzgan peligrosos, pero se quedan sin voz a la hora de poner alg&uacute;n l&iacute;mite a sus elecciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y quiz&aacute;s esto pase porque creemos estar construyendo una nueva adultez que tiene que ver con que nuestra acci&oacute;n educadora no afecte la libertad de los chicos. Esperamos que elijan libremente su propio camino, que sientan respetados sus derechos, sus espacios, sus ideas, aun al costo de que, a menudo, esa libertad sea m&aacute;s bien una apariencia y, en realidad, se trate de la soledad y el abandono a los que son arrojados muchos j&oacute;venes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La educaci&oacute;n est&aacute; aprisionada por un cambio cultural. En su esencia, educar a los chicos, llevarlos por el que creemos es el mejor camino para que puedan construir su futuro, entra&ntilde;a una tensi&oacute;n con la idea de dejar que hagan su propio camino, con una libertad que muchos adultos utilizan como justificaci&oacute;n de su renuncia a guiar. La dificultad no est&aacute; en ampliar la libertad de los chicos, sino en que esa libertad no se vea privada de \u00abla voz\u00bb de los adultos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si restituimos la real distancia entre generaciones, terminaremos de aceptar que queremos formarlos del mejor modo que podamos, que sean parecidos al modelo de personas en el que creemos, que valoramos, que anhelamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Justamente, es esa misma tensi&oacute;n entre nuestros deseos y los de ellos lo que hace posible nuestro rol como educadores. Ellos son personas, y la ley de la vida es que confrontar&aacute;n contra nuestro proyecto; &eacute;se es el coraz&oacute;n de la rebeld&iacute;a, construir el propio proyecto pele&aacute;ndose con el nuestro. Pero para pelearse, el nuestro debe existir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Educar a los chicos implica tener a la vista, en la conversaci&oacute;n cotidiana, el sentido de expresar nuestra preferencia por un camino respecto de otro, aunque muy posiblemente corramos el riesgo de ser juzgados como viejos, antiguos o autoritarios. Al tomar la voz paterna o docente frente a nuestros hijos o alumnos para sugerir futuros posibles, para censurar alguna conducta o para impedir que se hagan da&ntilde;o, se ponen ciertos l&iacute;mites a su libertad, aunque intentemos minimizar esa situaci&oacute;n. Pero si nadie asume esa voz, porque dudamos permanentemente, porque cuestionamos nuestro rol o porque nos cuesta pasar de las palabras a los actos, se hace imposible la transmisi&oacute;n de pautas, par&aacute;metros, valores e ideas, es decir, se hace imposible la educaci&oacute;n como forma de relaci&oacute;n entre generaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y este fen&oacute;meno que se observa en las familias ha ocurrido del mismo modo en la escuela. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, nos hemos peleado con la \u00abvieja escuela\u00bb y, por momentos, construimos algunos modelos pedag&oacute;gicos de oposici&oacute;n a nuestras representaciones de la vieja escuela. Nos peleamos con la buena caligraf&iacute;a, con la ortograf&iacute;a, con el orden del aula, con los rituales de respeto, y nos \u00abenamoramos\u00bb de la estimulaci&oacute;n de las propias producciones de los chicos, la creatividad, los encuadres menos reglados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, una escuela creativa o innovadora no tiene razones para pelearse con la idea de orden, con las rutinas de trabajo, con el esfuerzo, con el m&eacute;rito. No hay tal oposici&oacute;n de valores salvo en nuestros prejuicios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el informe de resultados de la prueba PISA 2009 se aisl&oacute; el indicador orden en las aulas. Se construy&oacute; a partir de preguntas a los chicos sobre distintos aspectos: si el ruido de su aula le dificultaba concentrarse, si su maestra pod&iacute;a sentarse con &eacute;l cuando ten&iacute;a una dificultad o estaba todo el tiempo ordenando al grupo, etc. Nuestras aulas estuvieron entre las m&aacute;s desordenadas de la muestra. Conversando hace unos d&iacute;as con un grupo de maestros, acord&aacute;bamos en que, en un aula desordenada, los chicos con m&aacute;s dificultades se perjudican mucho, y los que tienen mayores facilidades funcionan bien en cualquier escenario. Mi pregunta era: si todos sabemos que los chicos con mayores dificultades requieren mayor orden, &iquest;por qu&eacute; nos cuesta tanto garantizarlo? &iquest;Por qu&eacute; nos cuesta darles garant&iacute;as desde el lugar de que \u00abnosotros sabemos lo que necesitan\u00bb?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d&iacute;as, en una conversaci&oacute;n con alumnos de secundaria, me dec&iacute;an: \u00abLos buenos profesores son los que saben, ense&ntilde;an y exigen\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no les planteamos un camino, aquel en el que creemos, los dejamos sin una referencia con la cual pelearse, amigarse o usar como herramienta para construir el propio rumbo. Los chicos no son m&aacute;s libres con adultos indecisos, sino con los que son claros y desde all&iacute; son capaces de discutir.<span class=\"fin\">.<\/span><\/p>\n<p><\/em>\n<\/p>\n<div class=\"sitio_noticia_url\">\n                            M\u00c3\u00a1s informaci\u00c3\u00b3n:<br \/>\n                            <a href=\"http:\/\/\" target=\"new_\"><\/p>\n<p>                            <\/a>\n                        <\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La renuncia de los adultos Cambio cultural Cuando los grandes, ya sean padres o maestros, atrapados en su fantas&iacute;a de seguir siendo j&oacute;venes, no asumen su rol como gu&iacute;as de los chicos, se hace imposible la educaci&oacute;n como forma de relaci&oacute;n entre generaciones Por&nbsp;Gustavo Iaies&nbsp;y&nbsp;Juan Ruibal&nbsp;&nbsp;|&nbsp;Para LA NACION En las primeras d&eacute;cadas del siglo pasado, &#8230; <a title=\"La renuncia de los adultos\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/la-renuncia-de-los-adultos\/\" aria-label=\"More on La renuncia de los adultos\">[+]<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3998,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[7,6],"tags":[],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1560"}],"collection":[{"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3998"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1560"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1560\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1560"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1560"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/isp2-sfe.infd.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1560"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}